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LA NATURALEZA DE LO LOCAL

A lo largo de mis treinta y cuatro años de existencia he vivido en seis ciudades diferentes de dos países. En todas ellas he conocido a gente con la que, por suerte, todavía sigo manteniendo vínculos y que, con sus opiniones y acciones, me han permitido construirme como persona. Lo curioso es que este devenir vital, con tanta ida y vuelta y tan natural para la gente de mi generación, podía considerarse una utopía para mis padres y ya no digamos para mis abuelos.

Desde luego, la posibilidad de establecer estos periplos vitales, tan personales para cada individuo y cada vez más alejados de esa lógica grupal que a lo largo de una vida nos iba influyendo de manera continua, no es fruto de la casualidad. Por suerte, hoy en día tenemos Facebook, Twitter, Tuenti, Skype, móvil, e-mail, transporte low cost y quién sabe qué otras herramientas nacerán que, por primera vez en la historia, nos permiten seguir el rastro de nuestras relaciones en tiempo real y hacer que no se pierdan en el recuerdo.

Con esta nueva realidad que se está configurando en los últimos años, creo que es imprescindible replantearse la naturaleza de lo local, como muy bien apunta François Ascher en su libro “Los nuevos principios del urbanismo”. Hoy en día poseemos unas tecnologías del transporte que han difuminado las distancias para satisfacer la movilidad de las mercancías y de las personas y unas tecnologías de la información que han barrido las barreras a las que se puede difundir el conocimiento. Por ello, bajo mi punto de vista, lo local, que históricamente se encontraba completamente centrado en el aspecto territorial debería pasar a estar fundamentado en lo relacional.

Por supuesto, la componente territorial sigue y seguirá siendo fundamental a la hora de generar nexos y relaciones, pero, hoy en día ya no es el único espacio para la relación, prueba de ello es que todo el mundo tiene intercambios y mantiene relaciones personales, laborales o de otro tipo con gente que no ha visto en su vida. Por eso, esta nueva forma de configurar las relaciones entre los individuos debería tener su reflejo en las organizaciones territoriales y en la posibilidad de intervenir en las políticas territorialmente locales.

Aquí surgen numerosas posibilidades que deberían ser estudiadas, desarrolladas y agregadas en nuestras democracias para mejorar el grado de aceptación y la afección a las mismas. De forma rápida se me ocurre, en primer lugar, la ponderación del voto territorialmente según los diferentes grados de implicación de los individuos con los territorios en los que viven o, en segundo lugar, la participación en decisiones concretas en territorios con los que se tienen vínculos aunque en la actualidad no exista una residencia. Por otro lado se me antoja que instrumentos como el padrón municipal o el voto en circunscripciones únicas se empiezan a quedar pequeñas dentro del mundo de relaciones que estamos creando.

Si me pregunta alguien, yo diré que mi hogar lo forman las personas que me aprecian, pero vaya, que ahora mismo no se decirte donde están todas.

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ESPAÑA TIENE LA SARTÉN DEL EURO POR EL MANGO

Hola de nuevo queridos amigos, en un principio me propuse que este blog fuese un espacio dedicado a temas relacionados con la ciudad desde un punto de vista técnico, pero viendo la cantidad de entradas que suscitan los temas de actualidad no puedo sustraerme de opinar sobre los mismos. Sí queridos Cityliners, veo que os gusta el barro.

Bueno, mi hipótesis es la siguiente, España tiene la sartén del Euro por el mango. Imagino que os preguntareis a que me refiero exactamente, para ello no está mal empezar por las noticias que nos llegan sobre los máximos en décadas del diferencial del tipo de interés de la deuda española respecto al bono alemán o de los seguros de impago sobre la deuda española.

Con estos datos parecería que deberíamos ponernos a temblar, pero creo que convendría indagar y rascar un poco más en los mismos. Si repasamos el previsible montante de la deuda pública española a final de año podemos ver que rondará los 700.000 millones de euros, lo que supone un 66% del PIB, cantidad que, por otra parte, aún se encuentra lejos de la media de deuda pública europea que supera el 80% del PIB.

Por otro lado, si nos aproximamos a los países propietarios de la deuda pública española podemos observar que nuestro principal acreedor es Francia, que cuenta con un 25% de la misma. Además, dentro de los países europeos, Alemania cuenta con un 7%, Italia con un 6% y el conjunto del Benelux con un 15% del total. Esto, así dicho, puede parecer que no tiene importancia, pero si se dice en euros toma otro cariz, así resulta que a Francia le debemos 175.000 millones de euros, a Alemania 49.000, a Italia 42.000 y al Benelux 105.000 millones. Teniendo en cuenta que, tal y como explicábamos en un anterior post titulado Berlanga, el helicoptero de tulipán y la crisis irlandesa, el rescate a Irlanda ha supuesto una cantidad aproximada a los 80.000 millones de euros, se puede comprobar la magnitud del rescate que sería necesario articular para España.

Entendiendo esto creo que es más sencillo comprender mi hipótesis inicial de que España tiene la sartén del Euro por el mango. Me explico, si todo sigue su cauce natural en unos meses los mercados intentarán devorar a España y la UE y el FMI tendrán que rescatarnos imponiéndonos unas condiciones leoninas. Por ello pienso que es el momento del contraataque, España no puede quedarse inmóvil repitiendo el mantra de que “España no es Grecia, España no es Irlanda, España no es…”.

España tiene que ir con estos números a sus socios y hacerles ver que no va a ser el último en caer, detrás irán otros, a la vista está quienes pueden ser los siguientes perjudicados por la burbuja de la deuda y ya se hacen apuestas al respecto en nuestros amados mercados financieros (Italia, Bélgica, Francia, UK e incluso se ha especulado con EEUU).

Igualmente, España debe convencer a sus vecinos de que es necesaria una integración económica más allá del euro, de que es necesaria la emisión de deuda con el sello europeo y de que es necesaria una integración política o de que, si no es así no será, y todo el modelo de construcción europea de las últimas décadas se irá al traste. ¿Y si Europa no se deja convencer?, pues hay que seguir contraatacando en esa misma dirección, hablando claro a los mercados y explicando de quién es nuestra deuda y de quién se va a quedar sin cobrar, ¡eso sí que es transparencia!. Un rescate a la Irlandesa implica unas condiciones que irán en la dirección de provocar más paro y más tensión social y no sé si eso España se lo puede permitir.

Paul Krugman aseguraba en el New York Times que España era prisionera del Euro. Yo creo que el prisionero debería empezar a advertir a sus carceleros de que cuanto más tiempo esté en prisión, más tiempo van a tener que estar vigilándolo sin poder dedicarse a otros menesteres. Pero claro, para todo esto hacen falta un prisionero y unos carceleros audaces, capaces de asumir riesgos y de imaginar políticas no convencionales aún a costa de todas las presiones que estén sufriendo del Alcaide de la prisión de los mercados financieros.

BERLANGA, EL HELICOPTERO DE TULIPÁN Y LA CRISIS IRLANDESA

Si hace unos días me deslizaba por temáticas económicas y de gobernanza, asociadas al rescate de las concesiones de algunas autopistas españolas, hoy me parece que vuelvo por los mismos derroteros. Resulta difícil no hacerlo, ya que estamos asistiendo al rescate de Irlanda en tiempo real. A mí, ante esta nueva crisis, me vienen a la mente dos imágenes bastante sintéticas de la situación.

Por un lado me viene la imagen del recientemente desaparecido Luís García Berlanga y de su película Plácido. Recordáis esa subasta de “Un pobre en vuestra mesa , pues en este caso ya sabéis quién es el pobre y como sus convecinos, más ricos que él, le invitan a cenar para lavar sus conciencias y sus almas en un intento por ser buenos cristianos y así, por supuesto, poder ganarse el cielo, que es lo que realmente importa.

En esta primera idea expuesta se encuentran los actores de la crisis, en la segunda estampa que imagino aparecen los métodos que se están usando. Espero que todo el mundo recuerde ese helicóptero de Tulipán que se aparecía en los colegios españoles regalando toda clase de nutritivos productos a los sorprendidos estudiantes y a sus madres. Pues eso , el helicóptero de europán proveerá de recursos, en este caso, al estado irlandés.

Y es que todo este montaje me comienza a parecer un tanto de Berlanga, viendo cómo los estados parecen estar dispuestos a ayudar a todo el mundo, bancos, países, fabricantes de automóviles, concesionarias de infraestructuras, etc. Perdón, a todo el mundo salvo a los ciudadanos particulares. Veamos algunos datos, la cuantía del rescate a Irlanda no está clara y parece que va a oscilar entre los 50.000 y los 100.000 millones de euros, pongamos que van a ser 80.000 millones de euros, que se van a dar para enjuagar el agujero que ha dejado la burbuja inmobiliaria de ese país gracias a la devaluación de los activos en vivienda.

Por otro lado, tenemos 4.500.000 de habitantes en Irlanda, lo que supone que el rescate a los bancos equivale a repartir 17.700 € a cada irlandés, no está mal este dato aunque existen otras fuentes que hablan de hasta 60.000€ por irlandés. Entonces, con estos números me surge una duda, puestos a pasar con el helicóptero de repartir dinero, ¿por qué no se reparte directamente sobre los ciudadanos propietarios de las hipotecas, en vez de sobre los bancos en función del valor en libros de las hipotecas? Quizá sea una idea peregrina, pero se le podría dar a cada irlandés 17.700 €, que fuesen a parar obligatoriamente a la amortización de sus hipotecas en precio, no en plazo.

De esta forma creo que se conseguirían algunos efectos beneficiosos como que el dinero entrase igualmente en los bancos mejorando sus resultados contables. También existiría una menor minusvaloración de los activos hipotecarios puesto que se ayudaría a que la gente no tuviese que vender sus casas, lo cual redundaría en una menor oferta de vivienda, lo que a su vez mantendría los precios de la vivienda y con ello existiría un menor impacto contable en los bancos. Además, esto introduciría un mayor volumen de dinero circulante, ya que sobre una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, eliminar 17.700 euros del principal, supone que cada mes se pondrían 75 euros a disposición de cada ciudadano, con todo lo que ello conlleva en consumo e impuestos. Como requisito, para evitar la especulación, entiendo que las ayudas a la vivienda deberían conllevar un compromiso de que no exista venta de la misma en un largo plazo, que podría ser el proveniente de la propia amortización del crédito, además de implementar la tantas veces anunciada reforma en los sistemas de concesión de créditos.

Evidentemente, esto plantea un problema de equidad, ya que los que no han comprado una vivienda no disfrutarían de esta ayuda. Yo creo que se podría compensar a estos ciudadanos a través de una cantidad de dinero equivalente en educación. Esto, además, ayudaría a dirigir a los factores productivos hacia nuevos sectores en los que se prevean empleos de mejor calidad que los destruidos por la crisis.

Vaya, que todo este post es por provocar un poco, porque además de que el modelo de crecimiento basado en la deuda me parece que comienza a estar obsoleto, eso del capitalismo de los beneficios y el comunismo de las perdidas también empieza a ser de muy mal gusto. Para acabar una pregunta, ¿qué ocurriría si los bancos españoles valorasen sus activos hipotecarios dudosos con un descuento del 47% respecto su valor inicial, tal y como han hecho los bancos irlandeses?

EL RESCATE DE LAS CONCESIONES DE AUTOPISTAS

La crisis económica ha hecho saltar por los aires varios mantras que se venían repitiendo en los últimos tiempos. En el número uno, sin duda, se encuentra aquel que dice que los pisos nunca bajan de precio, a muy corta distancia se encuentra otro que asegura que las previsiones de tráfico siempre se quedan cortas.

Pues bien, el asumir estos dos tópicos ha generado dos situaciones difícilmente abordables por aquellos que invirtieron en activos relacionados con vivienda y con infraestructuras. Así, sin entrar a valorar las causas que llevaron a esas inversiones, la necesidad de las concesiones o los métodos de cálculo de tráficos, si que observamos unas consecuencias bastante diferentes en la resolución que se está tomando para ambos problemas.

Comencemos, respecto a la vivienda, tenemos dos actores principales los hipotecados y los prestamistas, ciudadanos y entidades financieras respectivamente. En este caso, como bien es sabido, los hipotecados han tenido que hacer frente al pago de su deuda bajo la posibilidad de la perdida de la propiedad de sus activos en caso de impago, asumiendo, además, una minusvaloración de los precios de mercado de sus activos en la mayoría de los casos.

Sigamos, respecto a las concesiones de infraestructuras, tenemos dos actores principales, las concesionarias/constructoras y el estado. Pues bien, en este caso, existe una minusvaloración de las inversiones realizadas debido al menor tráfico que soportan las concesiones y, por ello, el estado parece que va a acudir al rescate de las concesiones (http://urlcut.com/1xvha). En este caso, el estado parece que va a pagar por la mala valoración inicial realizada, este pago, de una u otra forma, parece que deberá saldarse en forma de generación de deuda estatal, que ya sabemos quién la acaba pagando. Cabe señalar que, en este caso, parece existir un sorprendente consenso parlamentario a cerca de la necesidad del rescate de las concesionarias.

Como se puede observar, nos encontramos ante dos formas de proceder bastante diferentes ante dos problemas de minusvaloración de activos y de falta de ingresos para el pago de deuda aparentemente similares. Sin embargo, para mi gusto, lo mejor viene ahora. Aún entendiendo que se produjese un rescate de las concesionarias, ¿qué sucede con la propiedad de los activos en infraestructuras? En el caso de las viviendas, como parece razonable, la propiedad pasa al que finalmente se hace cargo del pago de la deuda, en el caso de las infraestructuras no, es mas, parece que hasta se alargará el régimen concesional para mejorar el equilibrio económico-financiero. El argumento que se esgrime ante esto es que al estar hablando de una concesión, las infraestructuras son de por sí públicas ya que acabarán revirtiendo en el estado, por tanto, poco se puede hacer en el tema de la propiedad.

Yo, ante este argumento, me atrevo a apuntar que las concesionarias tienen un valor de mercado en el que se refleja el valor de sus inversiones en infraestructuras. De esta forma, si las concesiones van muy bien, sus acciones suben y si van muy mal sus acciones bajan, por tanto, entiendo que está plenamente justificado el entrar en el capital social de las concesionarias como organizaciones que están soportando la concesión, ya que, como se ha explicado más arriba, no se puede entrar en la propiedad del bien fruto de concesión.

Esto, que podría parece cogido con pinzas, se puede defender a través de tres aclaraciones que refuerzan la idea central. En primer lugar, los accionistas de las concesionarias cobran dividendos independientemente de que el dinero provenga de beneficios o de rescate de pérdidas (Link con información sobre la previsión de dividendos de las empresas del IBEX en 2010 http://urlcut.com/1xvkp). En segundo lugar, las concesionarias tienen la “sana costumbre” de renegociar cada una de sus concesiones independientemente, es decir, que si una va mal, se renegocia esa concesión sin importar el balance global del conjunto de sus inversiones que puede ser perfectamente positivo (Imaginemos que tenemos tres fábricas, que una va mal y las otras dos bien. Bien, se trataría de que podríamos cobrar los beneficios de las fábricas que van bien y pedir dinero para que la fábrica que va mal no quiebre). En tercer lugar, igual ya nadie se acuerda de Gordon Brown, pero ni los aclamados Obama, Merkel o Sarkozy se atrevieron a hacer lo que este dirigente hizo en su día en la crisis bancaria, que fue aportar capital a las entidades financieras a cambio de entrar a formar parte del accionariado de los propios bancos intervenidos, llegando a alcanzar, por ejemplo, hasta el 70% de las acciones del Royal Bank of Scotland (http://urlcut.com/1xvhd).

Con todo lo dicho, parece ser que nos tocará pagar jugando a rojo y a negro al mismo tiempo.

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